Buscando los detalles

Estoy descubriendo en estos últimos meses una forma nueva de ver las obras corales. El detalle de cada pieza. Preguntarte por qué. Sentarte delante de una obra y cuestionar la razón de todo lo que ves. Por qué ese texto, por qué esa melodía, por qué esa clave, por qué ese salto en los tenores, por qué ese tempo – ¿Podemos fiarnos de el tempo que marca?-. Este proceso, que pasa por muchas horas de cafés – o tés-, de búsqueda de información y de descubrimiento sobre la partitura, se debe hacer antes de que si quiera el coro haya visto la obra en el ensayo la primera vez. Te sumerges tú, sola. ( ¿Qué hace ahí esa coma de respiración? ¿un error? o ¿y por qué el compositor acaba esta frase en esta voz con una negra-ligadura-corchea?). Te sumerges y tienes que salir con la respuesta -tu respuesta- que te de alas para encontrar y justificar tu interpretación, y herramientas para que en el primer ensayo el coro tenga una idea global de la obra; y sobre todo para se queden con ganas de más de cara al siguiente.

Es este proceso ultra meticuloso y ultra específico el que da pie a explorar opciones técnicas y vocales con el grupo que quizás no habías pensado. Encuentras otras maneras de argumentar tus decisiones musicales, tus decisiones organizativas e incluso qué edición es la mejor. Te haces con la obra. Y cuesta, ¡vaya si cuesta! Y alguna obra no la llegas a conocer nunca. Hay obras que tienen una discusión eterna -los compositores ya no están, y a saber qué pensarían sobre la obra al componerla- sobre su significado, sobre su interpretación, a veces se pierden los manuscritos originales, o estos no se entienden, o se entienden de muchas formas. Y qué bonita esa parte de la dirección. La búsqueda incasable de respuestas a las preguntas musicales que compositores a lo largo de los años dejan abiertas – y que seguirán seguramente así durante mucho tiempo-.

El estudio de una obra, sea contemporánea, romántica, renacentista o de cualquier otro periodo incluye un componente enorme de responsabilidad interpretativa: de fidelidad a la época (o no), fidelidad al estilo de interpretación esperado por el público (o no), de fidelidad a la partitura escrita (y esto con mucho muchísimo cuidado: o no); todo eso son decisiones continuas que debemos tomar como músicos y artistas.

Hay un par de conceptos totalmente nuevos para mi que me están gustando especialmente. Uno de ellos es el de las ‘esquinas’ (corners of a piece of music = esquinas de una pieza de música). Hace referencia a pequeños huecos, recovecos en las obras que separas del resto de la pieza y haces tuyos. Los haces tuyos en gesto, los haces tuyos en emoción, los haces tuyos en significado y en descripción de la acción que sucede en ellos.

Esta concepción está muy alejada de la dirección de coro técnica sobre patrones establecidos ( dos por cuatro, tres por cuatro…), y abre un mundo de posibilidades expresivas que van más allá de la figura de director como la persona que maneja a la obra completamente de principio a fin. Un poco como un actor o un bailarín, quienes se ayudan de gestos para expresar emociones o sentimientos que incorporan en las coreografías u obras que realizan. La idea es que el gesto de esa esquina se base en expresar algo que conecte a la música con la humanidad de quienes la interpretamos y de quienes la escuchan.

Coges una esquina (que puede ser un motivo, un diseño, una palabra, un par de compases con una dinámica especial, una cesura, un cambio de tempo, un pasaje completo incluso, un par de acordes…) y lo sacas fuera de los patrones. Lo miras y decides qué gesto ayuda a tu grupo. Qué gesto van a entender para expresar aquello que tú como intérprete del instrumento ves en ese pequeño momento. Y así, esquina a esquina, construyes la obra en tus manos y en tu cuerpo. También claro, puntualizar que no son gestos definitivos, no hay que estudiarlos. No hacemos la cama todas las mañanas con los exactos movimientos corporales siempre, pero sí con movimientos aproximados. La idea es esa: incorporarlos. Que estén a disposición de tus recursos gestuales, ¿cómo? trabajo de espejo y muchas horas pensando.

Vaya por delante que explicado suena bonito, pero la realización no es nada fácil. Y claro, por un lado esto solo lo puedes aplicar una vez que la técnica personal fundamental de patrones está pulida y asimilada -e incorporada a ti como director/a casi como el respirar-; y por otro, solo será efectivo cuando el grupo esté preparado para interpretar la obra, después del paso principal y fundamental de montar la pieza entera.

El mundo del gesto en la dirección es algo fascinante para el que no existe una respuesta concreta. Y sobre él hay muchas discusiones con posiciones enfrentadas, a veces muy extremas. Soy de la opinión de que cuantas más técnicas se conozcan, mejor, sin entrar a judgar si son mejores o peores. Limitarse a solo una forma de dirección es limitarse en las posibilidades de la música que construimos. A veces la técnica pura es efectiva, otras no. Unos grupos entienden que dirijas sin prestar atención a los patrones, otros se pierden. Me gusta pensar en el concepto de lenguaje como medio de comunicación. Modificamos el lenguaje (hablado, escrito, corporal…) para comunicarnos. Cuantas más formas de lenguaje conocemos, más opciones tenemos de comunicarnos efectiva y eficientemente; cuantas más formas de dirección conocemos, más y mejor música podemos crear con nuestros grupos.

Por último, algo que me encanta pensar es que muchas veces es necesario apartarse y dejar que el coro cante sin ayuda. Es ese momento en el que ves que no te necesitan cuando te das cuenta que haces las cosas bien. Y que sensación más bonita.

¡Hasta la próxima entrada!

L

Un comentario sobre “Buscando los detalles

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  1. Sin haberlo hecho de forma tan exhaustiva y con tanto conocimiento como tú, sí que me reconozco en la búsqueda de la que hablas, no sé si por haberla hecho en teatro y/o en música.
    ¡Cómo es esa sensación de haber encontrado una clave que te hace sentirte hermanada con el autor! De pronto es como si hubieras encontrado la llave a su alma, como si hubiera dejado una pista para quien la supiera encontrar. Es una sensación de comunión entre hermanos muy real, a pesar de la distancia y el tiempo (y de que pueda ser que tu interpretación no tenga naaaada que ver con la del autor).

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